terça-feira, 25 de outubro de 2011

Los siete pecados capitales, origen y significado


Los reconocidos o tradicionales “siete pecados capitales”, la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, son un conjunto de vicios opuestos a la enseñanza moral que el Catolicismo y el Cristianismo transmiten. Cada uno de ellos fue recopilado y clasificado por San Gregorio Magno (540 – 604 d.C.), también conocido como Gregorio I, el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica.

Posteriormente, el poeta italiano, Dante Alighieri, los integro en la redacción de “La Divina Comedia” (c.1308-1321), un poema teológico considerado hoy en día una obra maestra de la literatura italiana y mundial. También otros artistas europeos tuvieron su parte en la promulgación de estos pecados capitales, gracias a la idea de utilizarlos como fuentes de inspiración en sus grandes obras.

Mas allá de esto, la comunidad religiosa ha debatido durante años el verdadero contenido de los mismos llegándose, en muchos casos, a diferentes interpretaciones con sus respectivos castigos.


El primero en encabezar la lista, la lujuria, ha sido definido como aquel pecado que incluye pensamientos o deseos obsesivos o excesivos de naturaleza sexual o en palabras de Dante, “el amor excesivo por los demás”. El castigo correspondiente a la lujuria incluye el ser asfixiado en fuego y azufre.

La gula, el segundo vicio, ha sido interpretada como el consumo excesivo de comida y bebida aunque antiguamente se utilizaba para señalar toda clase de exceso. Aquellos que cometieran este pecado serian forzados a comer ratas, sapos, lagartijas y serpientes vivas.

La avaricia ha sido considerada como un pecado muy similar a la lujuria o a la gula pero aplicada a la adquisición de riquezas en particular. Su castigo, el ser colocado en aceite hirviendo.

La pereza, ha sido catalogada como la “tristeza de ánimo” que nos aparta de las obligaciones espirituales o divinas. La misma nos llevaría a una fosa con serpientes.

La ira ha sido descrita como un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo. El resultado de este acto seria el desmembramiento.

La envidia, el sexto pecado capital, se relaciona con la avaricia, sin embargo, la envidia desea algo que alguien más tiene, y que percibe que hace falta. Este pecado se castiga sumergiendo al acusado en agua helada.

Por ultimo, la soberbia o el orgullo, el deseo por ser más importante o atractivo que los demás, es considerado el mas grave de los pecados capitales y fuente de los mismos. El mismo era penalizado con el cruel método de tortura conocido como “La rueda”.

Hoy en día, la iglesia emitió un nuevo listado de pecados capitales: acordes al mundo globalizado en el que vivimos.

•No contaminarás el medio ambiente.
•No provocarás injusticia social.
•No causarás pobreza.
•No te enriquecerás hasta límites obscenos a expensas del bien común.
•Y no consumirás drogas.

la caja de pandora


Cuando Prometeo osó robar el fuego que portaba el dios Sol en su carro, Zeus entró en estado de cólera y ordenó a los distintos dioses crear una mujer capaz de seducir a cualquier hombre. Hefesto la fabricó con arcilla y le proporcionó formas sugerentes, Atenea la vistió elegante y Hermes le concedió facilidad para seducir y manipular. Entonces Zeus la dotó de vida y la envió a casa de Prometeo.



Allí vivía el benefactor de los mortales junto a su hermano Epimeteo que, a pesar de estar advertido de que Zeus podría utilizar cualquier estrategia para vengarse, aceptó la llegada de Pandora y, enamorándose perdidamente de sus encantos, la tomó por esposa.

Pero Pandora traía algo consigo: una caja que contenía todos los males capaces de contaminar el mundo de desgracias y también todos los bienes. Uno de los bienes era la Esperanza, consuelo del que sufre, que también permanecía encerrada en aquella caja. Y es que, por aquel entonces, cuentan que la vida humana no conocía enfermedades, locuras, vicios o pobreza, aunque tampoco nobles sentimientos.

Pandora, víctima de su curiosidad, abrió un aciago día la caja y todos los males se escaparon por el mundo, asaltando a su antojo a los desdichados mortales. Cuentan que los bienes subieron al mismo Olimpo y allí quedaron junto a los dioses. Asustada, la muchacha cerró la caja de golpe quedando dentro la Esperanza, tan necesaria para superar precisamente los males que acosan al hombre.

Apresuradamente corrió Pandora hacia los hombres a consolarlos, hablándoles de la Esperanza, a la que siempre podrían acudir pues estaba a buen recaudo.

Este es el conocido como Mito de la caja de Pandora, que forma parte de la mitología griega.

la leyenda de las sirenas


Las sirenas han sido personajes famosos de la mitología por ser mujeres hermosas que seducen a los hombres con sus hermosas voces para guiarlos a su perdición. Pero originariamente en la mitología griega, las sirenas eran mujeres con cuerpo de pájaro parecidas a las arpías. Hijas del dios río Aquelloo y de la musa de la poesía Calíope, se comenta que eran tres, cinco y hasta ocho.

Como seres fabulosos de las narraciones fantásticas de la literatura occidental, la función de las sirenas ha variado con el paso del tiempo, al igual que su representación. Generalmente se las describe como bellas mujeres con cola de pez que hechizan con sus cantos, aunque anteriormente se las describía con alas. Según la leyenda, eran fieles compañeras de Perséfone, pero cuando ésta fue raptada por Hades, no pudieron salvarla y como castigo la diosa Deméter, madre de Perséfone, las convirtió en estas criaturas híbridas por no haber cuidado bien de su hija.


Las sirenas vivían en la isla de Artemisa, donde descansaban los restos de los marineros que habían sido atraídos por sus cantos, los cuales anunciaban engañosamente los placeres del mundo subterráneo.

La literatura les confirió un lugar especial, comenzando con la leyenda de Jasón y los Argonautas, quienes pudieron eludir el engaño de las sirenas gracias a la habilidad de Orfeo. Éste logró cubrir la melodía con su propio canto y así distraer a los Argonautas.

Por otro lado, en la Odisea de Homero, Ulises tapó los oídos de toda su tripulación con cera y se hizo atar a un mástil para no poder arrojarse a las aguas al oír su música. Él sabía que si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas, una de las sirenas debería morir. Y luego de deleitarse con sus peligrosos cantos, una de las sirenas tuvo que perecer y ésta fue la sirena llamada Parténope. Las olas lanzaron su cuerpo inerte hasta la playa y allí fue enterrada con múltiples honores en un sepulcro que luego devino en un templo y que, a su vez, luego se convirtió en pueblo que llevaba su nombre.

Hoy ese pueblo es la próspera ciudad de Nápoles, llamada antiguamente Parténope.

la casa de los siete vampiros leyenda rumana



En Rumanía no todos los vampiros están muertos. Algunos respiran, y solo se diferencian de las personas normales en que por las noches su alma abandona el cuerpo y deambula en forma de mariposa, polilla o pequeña luminaria. Bajo esta forma pueden absorber la energía de humanos y de animales domésticos y cometer todo tipo de maldades.

Ocurrió una vez en Siret, cerca de la frontera con Ucrania, que tres soldados viajaban en carreta junto a un anciano, buscando algún lugar en el que conseguir un poco de heno. Se había hecho ya de noche, por lo que pararon en una casa solitaria que se erguía al lado del camino en un claro del bosque.

La mujer de la casa los recibió con amabilidad. Invitó a los soldados y al anciano a pasar a la cocina y le sirvió a cada uno un cuenco de pudin de maíz, tras lo cual abandonó su compañía, aduciendo que tenía otras labores de las que ocuparse.

Cuando terminaron de comer, los soldados quisieron buscar a la buena mujer para darle las gracias, pero esta no aparecía en ninguna de las habitaciones de la casa. Decidieron entonces subir al desván, a ver si se encontraba allí. Al entrar, la vieron tirada en el suelo junto a otros seis cuerpos inertes.


Ninguno de los cuerpos se movía lo más mínimo; estaban como paralizados, con la mirada fija en el techo y la boca abierta. Había mucho de antinatural en su inmovilidad, parecían cáscaras vacías, casi cadáveres.

―¡Strigoi! ―exclamó el anciano con horror.

Él y los soldados huyeron escaleras abajo, montaron en la carreta y se alejaron de la casa lo más deprisa que podían. Cuando, ya a una distancia prudencial, volvieron la vista atrás, vieron cómo siete pequeñas luces salían de detrás de la casa y se dirigían camino arriba hacia ellos.

Eran estas las almas de los vampiros. Si los soldados le hubieran dado la vuelta a los siete cuerpos del desván, nunca hubieran podido volver a entrar en ellos.

Según la tradición, las almas de los vampiros vivientes se reúnen con los vampiros muertos a las afueras de los pueblos, allí en donde no se oye el canto del cuco ni el ladrido del perro, y aprenden de ellos gran cantidad de conjuros y hechizos maléficos, y unos y otros se reparten las personas a las que planean hacer daño como si estas fuesen cabezas de ganado. Los campesinos rumanos no distinguen entre un tipo u otro de vampiro, y a ambos los denominan con el mismo término.

-Bibliografía:

links para mais informaçoes sobre romulo e remo

lins para outras informacoes:http://pt.wikipedia.org/wiki/R%C3%B4mulo_e_Remo

romulo e remo


Rômulo e Remo são, segundo a mitologia romana, dois irmãos gêmeos, um dos quais, Rômulo, foi o fundador da cidade de Roma e seu primeiro rei. Segundo a lenda, eram filhos de Marte e de Reia Sílvia (ou Rhea Silvia), descendente de Eneias.

A data de fundação de Roma é indicada, por tradição, em 21 de abril de 753 a.C. (também chamado de "Natal de Roma" e dia das festas de Pales).

Índice
1 A lenda
1.1 A fuga de Troia
1.2 Eneias em Cartago
1.3 Eneias chega ao Lácio
1.4 Alba Longa
1.5 O nascimento de Rômulo e Remo
1.6 Roma: a nova cidade
2 Charges de Rômulo e Remo
3 Referências
4 Ver também


[editar] A lenda[editar] A fuga de Troia
Eneias abandona Troia em chamas, de Federico Barocci, 1598, Galleria Borghese, Roma.Na Eneida de Virgílio e na Ab Urbe condita libri de Tito Lívio, Eneias, filho da deusa Vênus,[1] foge de Troia, derrotada pelos aqueus, com seu pai Anquises[1] e seu filho Ascânio, enquanto sua mulher Creúsa, filha do rei Príamo, desaparece enquanto deixam a cidade.[2] Segundo essa lenda, Roma foi fundada por Rômulo, cuja origem remonta à guerra de Troia.[2] Quando Eneias se dirige à Itália, uma tempestade atinge o navio, por desejo de Juno, e o obriga a aportar em Cartago, onde é recebido por Dido, rainha da cidade.

[editar] Eneias em CartagoDurante um banquete em sua homenagem, em Cartago, Eneias começa a contar suas aventuras: a queda de Troia, o estratagema do cavalo e a fuga com o pai e o filho. Depois que fogem, refugiam-se no monte Ida, onde permaneceram durante o inverno à espera da construção de uma frota, partindo em seguida para uma nova pátria.

No fim de sua narrativa, Dido está apaixonada por Eneias, porque Vênus substituiu o filho dele por Cupido, que acerta Dido com uma de suas flechas. Dido pede a Enéias que permaneça com ela e reine em Cartago. Eneias e seus companheiros, depois de ficarem um ano em Cartago, partem por ordem de Júpiter para o Lácio. Dido, vendo ao longe os navios de Eneias, maldiz a estirpe troiana e se suicida.

[editar] Eneias chega ao Lácio
Eneias ferido por una flecha, curado pelo médico Iapige, com o filho Ascânio e assistido por Vênus, pintura em parede, século I a.C., Pompeia, atualmente no Museu Arqueológico Nacional de NápolesDepois de várias peregrinações no Mediterrâneo, Eneias aporta no Lácio[2], como sua mãe previra, dizendo que fundaria uma cidade na pátria de Dárdano (seu antepassado que, segundo a lenda, havia fundado Troia). No Lácio, Eneias é acolhido amavelmente pelo rei Latino[2], que lhe oferece sua filha Lavínia em casamento.[2] Entretanto, a princesa já tinha sido prometida a Turno, rei dos rútulos.

A disputa pela mão da jovem torna-se uma verdadeira guerra, da qual participam as várias populações itálicas, compreendendo etruscos e volscos. Eneias se alia a algumas populações gregas provenientes de Argos e estabelecidas na cidade de Palante, sobre o monte Palatino, reino do árcade Evandro e de seu filho Palante. A guerra é sangrenta, Palante morre logo, atingido por Turno e, para evitar mais vítimas, a disputa entre Eneias e Turno deve resolver-se em um combate entre os dois comandantes e pretendentes. Eneias mata Turno, casa-se com Lavínia e funda a cidade de Lavínio (Lavinium), a atual Pratica di Mare.

[editar] Alba Longa
Eneas na corte de Latino, óleo em tela de Ferdinando Bol, 1661-1663 ca, Rijksmuseum, em AmsterdamTrinta anos mais tarde, Ascânio, filho de Eneias funda uma nova cidade, Alba Longa,[1] sobre a qual reinam seus descendentes. Cerca de 400 anos depois, o filho e legítimo herdeiro do décimo-segundo rei de Alba (Procas), Numitor, é deposto pelo irmão Amúlio.[1] Com medo de perder o trono para os descendentes de Numitor, Amúlio matou seu sobrinho Lauso e obrigou sua sobrinha, Reia Sílvia, à virgindade perpétua, tornando-a Vestal (sacerdotisa virgem, consagrada à deusa Vesta).[2][3] e a fazer voto de castidade. No entanto, é fecundada e, para atenuar sua falta, diz que foi seduzida pelo deus Marte (deus romano da guerra)[4] ; Reia deu a luz aos gêmeos Rômulo e Remo.

[editar] O nascimento de Rômulo e Remo
Rômulo e Remo, de Peter Paul Rubens, 1615-16, Museus Capitolinos, RomaAmúlio, para punir Reia Sílvia, a prende em um calabouço e por medo destes heróis, filhos de um deus, quererem tomar seu lugar, mandou um servo para matá-los, mas o servo encarregado não tem coragem de cumprir a ordem e os abandona em uma cesta no rio Tibre.[2] Ora, é primavera, periodo de cheias em que o rio sai de seu leito.[4] O servo deposita o cesto que contém os bebês nas águas do rio que sobe e elevam o cesto.[4] Quando as águas da cheia recuam, este fica em terra, ao pé do Palatino.[4] Atraida pelo choro dos recém-nascidos, uma loba sai do bosque e os encontra[5]; Como ela acabou de perder seus filhotes[1], ofereceu suas tetas às crianças[4] e, como fez com seus filhotes, os lambe com sua longa língua.[4] Algum tempo depois, um pastor de ovelhas[5] chamado Fáustulo encontrou os meninos e levou-os para casa, onde sua mulher Aca Laurência os criou.[1]

Rômulo e Remo cresceram na cabana de seus pais adotivos.[4] A caça dos animais selvagens, a corrida e os exercícios físicos enriqueceram seus corpos e suas almas.[4] Tinham como companheiros pastores e, com eles, atacavam os salteadores de passagem para roubar-lhes seus espólios.[4]

Acusado de roubo, Remo foi capturado e levado à presença do rei Amúlio.[1] Fáustulo, o pastor, resolveu então contar a Rômulo a história de sua origem.[1] Rômulo foi até Alba Longa, libertou seu irmão, matou Amúlio, devolveu o trono a seu avô Numitor e à sua mãe as honras que lhe eram devidas.[1][4]

[editar] Roma: a nova cidadeOs gêmeos compreenderam que não havia futuro para eles em Alba Longa.[4] Acompanhados de todos os indesejáveis da cidade, voltaram para o local onde foram abandonados e decidiram então fundar uma cidade.[4]

Rômulo quer chamá-la Roma e edificá-la sobre o Palatino, enquanto Remo deseja batizá-la como Remora e fundá-la sobre o Aventino. É o próprio Tito Lívio quem se refere às duas versões de maior credibilidade dos fatos:

"Como eram gêmeos e o respeito à progenitura não podia funcionar como critério eletivo, cabia aos que protegiam aqueles lugares indicar, através dos auspícios, quem seria escolhido para dar o nome à nova cidade e reinar depois da fundação. Assim, para interpretar os auspícios, Rômulo escolheu o Palatino e Remo escolheu o Aventino. O primeiro presságio teria cabido a Remo.[1] Este avistou seis abutres.[1] Rômulo por sua vez, avistou doze.[1] Como Rômulo estava afastado quando o presságio foi anunciado, os respectivos grupos proclamaram um e outro como reis ao mesmo tempo.[1] Uns sustentavam que tinham direito ao poder com base na prioridade no tempo, outros com base no número de pássaros vistos.[1] Surgiu assim uma discussão e da luta raivosa de palavras se passou ao sangue[1]: Remo, golpeado na cabeça, caiu por terra.[1] É mais notável a versão segundo a qual Remo, para surpreender o irmão, teria escalado os muros recém-construídos (pomerium)[1], e Rômulo, com raiva, teria ameaçado com estas palavras: "Assim, de agora em diante, morra quem escalar os meus muros".[1] Deste modo, Rômulo se apossou sozinho do poder e a cidade fundada tomou o nome do fundador."[1]

Segundo a lenda, Roma foi fundada em 753 a.C.

[editar] Charges de Rômulo e RemoReia Sílvia seduzida por Marte.
Os gêmeos Rômulo e Remo encontrados pelo pastor Fáustulo.
Rômulo interpretando os presságios.
Remo transpondo as muralhas de Roma com um salto.
Referências1.↑ a b c d e f g h i j k l m n o p q r s PONTES, Oldimar. História Hoje. 1 ed. São Paulo: Ática, 2007. 113-114 p. 1 vol. vol. 1. ISBN 978-850810292-1
2.↑ a b c d e f g PEDRO, Antonio. História do Mundo Ocidental. 1 ed. São Paulo: FTD, 2005. 69 p. 1 vol. vol. 1. ISBN 85-322-5602-3
3.↑ Eneias. em Infopédia Online. Porto: Porto Editora, 2003-2008. (Consult. 2008-03-16).
4.↑ a b c d e f g h i j k l SALLES, Catherine. Larousse das Civilizações Antigas. 1 ed. São Paulo: Larousse, 2008. 110-111 p. 3 vol. vol. 1. ISBN 978-85-7635-443-7
5.↑ a b RAMOS, Patrícia. História das cavernas ao terceiro milênio. 1 ed. São Paulo: Moderna, 2006. 1 vol. vol. 1. ISBN 85-16-04907-8
[editar] Ver tambémFundação de Roma
Rômulo
Roma
v • eMitologia romana
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Sacerdotes Áugures • Vestais
Locais Alba Longa • Céu • Lavínio

Portal da mitologia greco-romana

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la leyenda de romulo e remo



Leyenda de Rómulo y Remo
Las tradiciones romanas adornaron el surgimiento de la ciudad de Roma con diversas leyendas que fueron recogidas principalmente por el historiador romano Tito Livio.

La leyenda de Rómulo y Remo

Escultura de Rómulo y Remo
Monte PalatinoDice la leyenda que Ascanio, hijo del héroe troyano Eneas (hijo de Venus y de Anquises), habría fundado la ciudad de Alba Longa sobre la orilla derecha del río Tíber. Sobre esta ciudad latina reinaron muchos de sus descendientes hasta llegar a Numitor y a su hermano Amulio. Éste destronó a Numitor y, para que no pudiese tener descendencia que le disputase el trono, condenó a su hija, Rea Silvia, a ser sacerdotisa de la diosa Vesta para que permaneciese virgen.

A pesar de ello, Marte, el dios de la guerra, engendró en Rea Silvia a los mellizos Rómulo y Remo. Cuando éstos nacieron y para salvarlos fueron arrojados al Tíber dentro de una canasta que encalló en la zona de las siete colinas situada cerca de la desembocadura del Tíber, en el mar.

Una loba, llamada Luperca, se acercó a beber y les recogió y amamantó en su guarida del Monte Palatino hasta que, finalmente, les encontró y rescató un pastor cuya mujer los crió. Ya adultos, los mellizos repusieron a Numitor en el trono de Alba Longa y fundaron, como colonia de ésta, una ciudad en la ribera derecha del Tíber, en el lugar donde habían sido amamantados por la loba, para ser sus Reyes.

Se dice que la loba que amamantó a Rómulo y Remo fue su madre adoptiva humana. El término loba, en latín lupa, también era utilizado, en sentido despectivo, para las prostitutas de la época.

La leyenda también nos cuenta como Rómulo mató a Remo. Cerca de la desembocadura del río Tíber había siete colinas: los montes Aventino, Celio, Capitolio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal. Rómulo y Remo discutieron sobre el lugar en el que fundar la ciudad y decidieron consultar el vuelo de las aves, a la manera etrusca. Rómulo vio doce buitres volando sobre el Palatino y Remo sólo divisó seis en otra de las colinas. Entonces Rómulo, para delimitar la nueva ciudad, trazó un recuadro con un arado en lo alto del monte Palatino y juró que mataría a quien osase traspasarlo. Remo le desobedeció y cruzó con desprecio la línea, por lo que su hermano le mató y quedó como el único y primer Rey de Roma. Este hecho habría ocurrido en el año 754 a. C., según la versión de la historia oficial de la Roma antigua.

Origen griego
Según otras fuentes antiguas, la fundación de la ciudad se relaciona con el mundo griego, ya que los fundadores tenían ascendencia troyana. Esta leyenda presenta a Eneas, príncipe troyano, como antepasado directo de Rómulo y Remo, el cual, al casarse con la hija del rey latino, se convirtió a su vez en rey.

Esta interpretación la encontramos no sólo en historiadores griegos, sino que también se defendió en el mundo itálico frente a otras tradiciones que le atribuían un origen arcadio, relacionadas con el mito de Evandro, o aqueo, relacionada con el de Odiseo o Ulises. De esta manera, la historiografía griega atribuyó un origen divino y griego a la fundación de Roma, versión asumida posteriormente por ésta.

 Sin embargo, no puede considerarse admisible la tradición de un origen troyano de Roma si se compara la fecha de la destrucción de Troya (1200 a.C.) con los restos arqueológicos del poblamiento del Lacio y el Septimontium, semejante a otros muchos poblados del Bronce Final de Italia y que dista mucho de ser un poblamiento importante, y mucho menos una ciudad.